04 Nuestras ofrendas

No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones entran a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Jesucristo

Se cuenta que una iglesia en Inglaterra necesitaba un nuevo edificio. Como la congregación no contaba con muchos fondos decidieron aproximarse al millonario del pueblo a pedirle que les apoyara en el proyecto. Para sorpresa del comité, el millonario decidió no solo ayudarles en el proyecto, sino que también se ofreció hacerse cargo de todos los gastos, sin tan sólo le permitían que él se ocupara de todo desde el principio hasta el fin. Lógicamente, era imposible rehusar semejante oferta.

El proyecto fue progresando, y al cabo de un año el templo estaba listo para ser dedicado. Hasta ese momento nadie había podido entrar al nuevo edificio, ya que el millonario no lo había permitido. Y esto lo había hecho intencionalmente para corregir algunos defectos que había notado en la congregación. Al llegar el día de la inauguración, la concurrencia entró al salón y para su sorpresa no había bancos. Tan solo se pidió que seis personas se pusieran uno al lado del otro inmediatamente el suelo se abrió, y apareció un banco. La gente se sentó, y por un dispositivo mecánico, el banco fue llevado con su preciosa carga hasta el frente del salón. Esto lo hizo el millonario para corregir el eterno problema de la gente que siempre busca sentarse en la última fila. Otro detalle interesante, es que la iglesia no tenía púlpito. Cuando el pastor pasó a dar el sermón, una vez más el suelo se abrió y apareció el púlpito. Cuando se cumplieron los cuarenta y cinco minutos, el púlpito bajó y desapareció una vez más. Esto lo hizo el millonario para corregir el eterno problema, de que a los pastores tantas veces les gusta excederse en el tiempo asignado. Otro dispositivo electrónico que llamó la atención, fue uno que entraba en funcionamiento al recoger la ofrenda. Cuando el pastor decía, pongámonos de pie para participar de la ofrenda, el que se quedaba sentado recibía una descarga eléctrica… La congregación quedó muy gratamente impresionada con el nuevo edificio que había recibido, y fueron muy felices por largos años. Pero un día lunes la municipalidad les clausuró el edificio.

¿Qué había pasado? El domingo anterior visitó la iglesia una familia de escoceses. Y los miembros de esta nacionalidad tienen fama mundial de ser los avaros más grandes del mundo. Ese domingo prefirieron morir electrocutados antes que poner un centavo en la ofrenda… El tema de las ofrendas ha dado lugar a muchas historias cómicas y a otras no tan cómicas. Toda persona que llega a una iglesia evangélica, inmediatamente se pregunta, ¿Por qué recogen ofrendas? ¿Quiénes deben participar de ellas? ¿Qué hacen con el dinero que se da? En Norteamérica, nos preguntan, ¿Por qué ofrecen sobres a la gente en el momento de la ofrenda? Estas preguntas básicas y vitalmente importantes son las que queremos contestar a través de este breve escrito.

I- ¿PORQUÉ OFRENDAMOS?

  1. Porque es el plan de Dios para su pueblo:

Las iglesias no hemos inventado la ofrenda. Es Dios quien dentro de su estrategia para la vida en general, estableció que su pueblo redimido debía aprender a poner a un lado cierta porción de sus ingresos para la extensión del reino de Dios y la atención a los necesitados. Dios podría haberlo hecho sin nuestra ayuda, pero Él prefirió que nosotros seamos sus colaboradores en la tarea. Por lo tanto, el nos bendice con salud, trabajo, y en consecuencia dinero, y espera que de aquello que él nos ha dado, nosotros a su vez demos un porcentaje a otros. Este plan ha regido tanto, para el pueblo de Israel en la era del Antiguo Testamento, como para su iglesia en la era del Nuevo Testamento.

  1. Porque la ofrenda es un acto de reconocimiento y gratitud:

Cuando uno ha recibido un favor enorme, instintivamente algo dentro nuestro dice que debemos mostrar nuestro aprecio a manera de reciprocidad. El creyente en Cristo, que ha recibido vida eterna, cuyos pecados han sido todos perdonados, que ha sido adoptado en la familia de Dios como hijo, no puede menos que desear devolver en gratitud, adoración y servicio algo de lo que hemos recibido de Dios. Especialmente teniendo en cuenta el precio que debió pagar Jesucristo para darnos salvación: Ni más ni menos que gustar la muerte, el castigo de Dios y el infierno en nuestro lugar. Lamentablemente, los humanos somos muy dados a sacar ventajas a otros, inclusive a Dios. Pero la persona que realmente ha conocido a Dios de corazón no puede menos que ofrendar a fin de que otros también reciban la bendición que él mismo recibió primero. Por esta razón la ofrenda a Dios es un acto de adoración, que se da con alegría. “Dios ama al dador alegre” dice la Biblia (II Corintios 9:7)

  1. Porque es la clave de la prosperidad económica:

Fue el Señor Jesucristo quien nos enseñó el principio vital que rige las finanzas personales: “Dad y se os dará, medida buena, apretada y remecida y rebosando darán en vuestro regazo.” (Lucas 6:38). Dios espera que demos y en la misma medida recibiremos de Él la bendición en lo material. Dios no es el autor de la pobreza, esta es una de las maldiciones del pecado. La Biblia abunda en promesas de prosperidad material para los hijos de Dios si estamos dispuestos a seguir sus leyes. “Recuerden esto: El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará.” (II Corintios 9:6).

II- ¿QUIÉNES DEBEN OFRENDAR?

  1. Los creyentes en Cristo:

¡Los hijos de Dios que han gustado su salvación! Nunca en la Biblia encontramos que se exhorte a los no cristianos a ofrendar a Dios. Esto lo hemos reiterado muchas veces desde el púlpito en el momento de hacer la ofrenda. Lamentablemente, nos vemos obligados a recoger la ofrenda en nuestro culto del domingo porque es la reunión a la cual asisten el mayor número de creyentes.

  1. Todos los creyentes en Cristo:

Dice la Biblia: “En cuento a la ofrenda para los santos, hacen vosotros también de la misma manera que ordené a las iglesias de Galacia. El primer día de la semana, cada uno de vosotros guarde algo en su casa, atesorando en proporción a cómo esté prosperando, para que cuando yo llegue no haya entonces que levantar ofrendas.” (I Corintios 16:1). La salvación es algo personal e individual, por lo tanto, cada persona salva tiene la obligación moral de ofrendar a Dios. La Biblia no dice, que deben hacerlo solamente los ricos, sino absolutamente todos sin distinción de condición social. Todos, sin excepción, los que han recibido la salvación debemos hacerlo. No importa si estamos trabajando o recibiendo ayuda social del gobierno, si somos estudiantes o refugiados políticos. Cuando el evangelio se extendió en el imperio romano durante el primer siglo el noventa por ciento de los creyentes eran esclavos, y sin embargo, la Biblia nos enseñó que cada uno debía poner una cierta cantidad de dinero aparte para contribuir al progreso del Reino de Dios

III-¿CUÁNTO SE DEBE OFRENDAR?

  1. En forma proporcional:

La Biblia nunca establece cuanto debe dar un creyente, solamente nos establece principios que trascienden el tiempo, la cultura y los vaivenes de la economía. El plan de Dios para su pueblo en el Antiguo Testamento eran el diezmo y las ofrendas: “Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado! Pero decís: En qué te hemos robado? ¡En los diezmos y en las ofrendas! Malditos sois con maldición; porque vosotros, la nación entera, me habéis robado. (Malaquías 3:7-9) La palabra diezmo significa un diez por ciento de los ingresos, ya fuera en dinero o en comestibles. Cada israelita debía traer al templo las primicias de las cosechas y de sus ventas. Asimismo debía agregar, por sobre lo que era su obligación básica, las ofrendas voluntarias para ayudar a ministrar con otras necesidades materiales. El plan de Dios es que sus hijos aprendamos a manifestar nuestro aprecio a aquellos a través de quienes El nos bendice cuando oimos su palabra. Por lo tanto, nos exhorta diciendo: “Traed los diezmos al alfolí…” Nuestra primera obligación es mantener las operaciones de la iglesia en la cual nos congregamos.

  1. En forma progresiva:

Sobre el modelo establecido en el Antiguo Testamento, el apóstol Pablo agrega para quienes vivimos de este lado de la cruz de Cristo: “Atesorando en proporción a cómo esté prosperando…” La prosperidad económica es una de las muchas bendiciones que el Señor da a su pueblo, no para enriquecernos y vivir como aristócratas, sino para bendecir a mayor número de personas. Hace años atrás un comerciante cristiano comenzó a ver la mano de Dios prosperándolo en lo económico. En el día de hoy es uno de los empresarios más poderosos de todo Canadá. Y como ejemplo de lo que estamos diciendo, estableció una cadena de supermercados, a fin de que todo lo que produzca en ganancias se ofrende para la extensión del reino de Dios. Aquí hay alguien que ha aprendido algo significativo, que Dios nos da para que demos … y nos da más para que demos más. Comenzamos dando el diezmo para sostener la iglesia de donde somos parte, y luego agregamos las ofrendas para otros ministerios que el Señor coloque en nuestro corazón: la obra misionera, programas de radio, etc. Es un privilegio de ser parte del plan de Dios. Por lo tanto, es mejor empezar dando algo aunque sean centavos, antes que esperar al día que tengamos abundancia para dar, porque ese día probablemente nunca llegue. Nunca olvidemos la historia que el Señor contó acerca de la viuda que dio dos moneditas, y sin embargo, a los ojos de Dios, valía más que todo lo que daban los demás.

IV- ¿EN QUE SE USA EL DINERO DE LAS OFRENDAS?

La salvación es gratis, pero la difusión del mensaje es muy costosa. Toda iglesia comienza con el deseo de un individuo de compartir el evangelio. En la medida que el esfuerzo es bendecido y cuantas más personas reciben el mensaje, en la misma proporción crecen las necesidades de atención personal. Por esta razón se le pide a ciertas personas sobre quienes se ve la mano de Dios obrar en bendición, que dejen sus empleos y sirvan a tiempo completo en la iglesia para poder atender mayor número de necesidades personales. Cuando Lake comenzó su ministerio tenía un solo pastor, y hoy cuenta con un equipo de casi veinte pastores. La bendición del Señor ha traído tanta gente al punto tal que hoy somos cerca de cinco mil personas. En la medida que la iglesia fue creciendo se vio la necesidad de incorporar otros pastores para ayudar con jóvenes, ancianos, educación cristiana, con recuperación de adictos, con estudios bíblicos, etc. ¿Qué ocurriría si mañana quedara un solo pastor? Simplemente, ¡la iglesia decrecería al número de miembros que un solo pastor podría atender! ¡Por ende, sus ofrendas hacen una gran diferencia! Su contribución financiera permite que haya personas dedicadas a tiempo completo a difundir el mensaje de salvación y que se atienda a personas muy necesitadas espiritual y físicamente.

Con el dinero que se recibe, los ancianos de la iglesia y el comité de finanzas, prepraran un presupuesto donde se incluyen salarios, gastos de operaciones, de mantenimiento, obra misionera, evangelismo, campañas especiales, ministerios de niños, etc. Y mediante un manejo extremadamente cuidadoso del dinero de Dios, se cumple con las obligaciones establecidas. Este presupuesto se presenta a la congregación para ser aprobado todos los años en el mes de Enero. Y todos los miembros son invitados a participar de esta reunión administrativa.

V- ¿POR QUÉ SE USAN SOBRES PARA OFRENDAR?

Porque es uno de los beneficios que tenemos en Estados Unidos, por ser un país de raices evangélicas. Expliquemos como funciona esto: Cuando usted trabaja, el empleador automáticamente le descuenta los impuestos de cada uno de sus pagos. Digamos, que usted gana 100.000 dólares al año y de acuerdo a lo que establece el gobierno, se le debe descontar, 40.000 dólares en impuestos. Supongamos que usted ofrenda a la iglesia 10.000 dólares en el año. En consecuencia, en el mes de Enero la iglesia le envía por correo un recibo que puede presentar en su declaración de impuestos. Habiendo ofrendado 10.000, significa que sus ingresos reales no fueron cien mil, sino noventa mil. De acuerdo a esta cifra, de la que ya le han descontado los impuestos, el gobierno federal le devuelve la proporción que le cobró de más. ¿Qué ocurre si usted no usa los sobres? Simplemente el gobierno se queda con todo lo que le descontó y lo usa para sus fines. Para beneficiarse usted mismo ¿qué debe hacer? Cada vez que hace una ofrenda debe llenar un sobre con su nombre y datos personales. No importa si adentro del sobre pone un cheque o dinero contado, lo más importante es el sobre, ya que el gobierno los exige como comprobante. La oficina lleva un control de todas sus ofrendas, y a fin de año le extiene un recibo oficial que es válido para sus deducciones. Este beneficio funciona básicamente como los cursos que tomamos en los colegios: el gobierno no nos devuelve toda la cantidad de lo que nos costó, pero si considera que nos han descontado demasiado, y de ahí la devolución. Por lo tanto, comience a usar los sobres.

VI ¿QUÉ OCURRE SI NO OFRENDO?

Eso queda entre Dios y su conciencia. En nuestra iglesia jamás le exigiremos a uno de nuestros miembros que ofrende, eso es algo voluntario y por amor a nuestro Salvador. Nunca le preguntaremos, ¿cuánto gana? ¿Está diezmando? El Señor sabe todos esos detalles mejor que nadie. Y nuestra obligación es con El, ya que de Cristo Jesús recibiremos la aprobación o la reprobación el día que comparezcamos en su tribunal. Más bien recuerde que el dinero que le dimos a la obra del Señor es lo único que nos llevaremos de este mundo, ya que después de todo, somos mayordomos de todo lo que el Señor nos ha dado. ¡Y esto incluye el dinero!

Indudablemente que un tema tan crucial para los hijos de Dios como son las ofrendas da lugar a muchas otras preguntas. Sin embargo, en este breve escrito quisimos contestar las que se nos hacen con más frecuencias. Cualquier inquietud que usted tenga, por favor, no dude en preguntarle al pastor o al maestro de la clase de membresía. Y recuerde siempre la exhortación bíblica:

Honra al Señor con tus bienes, y con las primicias de tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto” (Proverbios 3:9)

“Traed todos los diezmos al alfolí (sinónimo del templo) y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3:10)

Si, Dios tiene un plan perfecto para su pueblo en todas las áreas de la vida, y esto lógicamente abarca la administración de nuestros bienes. Cumpla con este plan, goce la bendición de Dios y que no le pase lo de los escoceses…

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